No empecé con un local. No empecé con un equipo grande. No empecé con todo resuelto.
Empecé con una idea, una terraza y la certeza de que Punta Cana necesitaba algo diferente.
El momento en que todo empezó
Hay un momento que todas las fundadoras reconocen. No es el día que registras el negocio ni el día que diseñas el logo. Es ese momento más silencioso — cuando miras alrededor y piensas: esto tiene que existir. Y si no lo crea nadie más, lo creo yo.
Ese fue mi momento.
Vivía en una ciudad llena de vida, de movimiento, de gente con ganas de conectar. Pero no había un espacio donde esa conexión sucediera de verdad. Un lugar que no fuera un restaurante ni un bar. Un lugar donde pudieras crear algo con tus manos y salir sintiéndote diferente.
Eso era lo que faltaba. Y eso fue lo que decidí construir.
Una terraza, un lienzo y mucho atrevimiento
Aloeve comenzó en casa. Literalmente.
Mi terraza se convirtió en el primer estudio. Sin pretensiones, sin perfección — solo el espacio justo, la energía correcta y mujeres dispuestas a soltar el control por unas horas.
La primera sesión fue pequeña. Nerviosa. Emocionante.
Y al final, cuando vi las caras de las mujeres que habían llegado sin saber qué esperar — saliendo con una pieza en la mano y algo más liviano en el pecho — supe que esto era real.
Lo que nadie te dice sobre construir algo desde cero
Que es difícil y hermoso al mismo tiempo.
Que hay semanas donde todo fluye y semanas donde tienes que recordarte por qué empezaste.
Que el negocio te enseña tanto sobre el arte como sobre ti misma.
Pero también te enseña esto: que cuando construyes algo con propósito, la gente lo siente. Y se acerca.
La comunidad que no planeamos — y que lo cambió todo
Lo que no anticipé fue la comunidad.
Pensé que estaba creando un espacio. Terminé creando un hogar.
Mujeres que llegaron como clientas y se quedaron como parte de algo. Que volvieron semana tras semana. Que trajeron a sus amigas, a sus parejas, a sus hijas. Que empezaron a escribirnos no solo para reservar, sino para compartir lo que estaban viviendo.
Hoy, Aloeve no es solo un estudio — es una comunidad real de mujeres que se apoyan, se inspiran y crecen juntas. Mujeres de Punta Cana, de distintas profesiones, distintas historias, distintas edades. Unidas por algo tan simple y tan poderoso como crear con las manos.
Esa comunidad es el corazón de Aloeve. Y es lo que más me enorgullece de todo lo que hemos construido.
Lo que viene
Aloeve sigue creciendo.
Este verano 2026 abrimos nuestro estudio físico en Plaza La Nube, Vista Cana — un espacio diseñado para que todo lo que hemos construido juntas tenga el hogar que merece.
Más sesiones. Más formación. Más experiencias. Más comunidad.
Pero con la misma esencia de siempre: un lugar cálido, sin juicio, donde puedas crear, conectar y ser tú.
Gracias por ser parte de esto
Si alguna vez has vivido una sesión de Aloeve, sabes de lo que hablo.
Y si aún no lo has hecho — te estamos esperando.
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